Periodismo, militancia y poder - Periodismo en clave

Breaking

miércoles, 27 de junio de 2018

Periodismo, militancia y poder


Dónde se fusiona la palabra periodista, con militante?
Hasta dónde se aceptan  unidas y hasta dónde separadas?
El hombre que practica esta profesión puede abstraerse de toda ideología para hablar con absoluta imparcialidad? 
Es bueno o malo que un periodista sea honesto con sus lectores y aclare desde el lugar de pensamiento que escribe?

Probablemente  podamos hacernos aún más preguntas y encontrar una cantidad indeterminadas de respuestas porque el debate sigue abierto desde hace muchísimos años, y no desde que el gobierno liderado por la familia Kirchner en Argentina volvió a revolver  este tema.

Según el diccionario de la RAE “Militante” se les llama a las personas que forman parte de un grupo u organización, especialmente de un partido político.

Pero una segunda acepción indica que  “está relacionado con la militancia o la adhesión a unas determinadas ideas o las refleja”.

En la definición del quehacer de un periodista encontramos que “es el trabajo que consiste en descubrir e investigar temas de interés público, contrastarlos, sintetizarlos, jerarquizarlos y publicarlos”.

Es aquí donde entre la segunda definición de militancia y el quehacer periodístico, hay puntos en común que llevarán inexorablemente al encuentro de estos dos caminos.

Mirando la historia del periodismo en Argentina nos encontramos, que en muchos casos, la tribuna de debate de los temas de interés público siempre estuvo cautiva de una militancia partidaria. Muchos diarios nacieron al amparo de ese impulso, la mayoría de las veces para expresar a partidos políticos o núcleos ideológicos.

Las primeras publicaciones comenzaron a los pocos años de nacido el Virreinato del Río de la Plata, en 1781, y eran reproducciones de hechos ocurridos en España y llevaba el título de “Noticias recibidas de Europa por el Correo de España”. De este se conoce solo una publicación, pues meses más tarde salió el “Extracto de las noticias recibidas  de España”, que se redujo también  a una sola edición.

A principios del siglo XIX comenzó a circular en Buenos Aires el primer periódico de nuestro país, “El Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiógrafo del Río de la Plata”, dirigido por Manuel Belgrano, y entre sus características estaba el hecho de usar el nombre “argentino” para denominar a las cosas que ocurrían con las personas que vivían en el Río de la Plata, siendo este suceso, quizás, uno de los precursores de la palabra que luego le daría el nombre a nuestro país.
El periódico, editado en la imprenta de los Niños Expósito, duró un poco más de un año.

En setiembre de 1802 apareció  el “Semanario de Agricultura, Industria y Comercio” fundado por Juan Vieytes, otro hombre que en menos de una década, al igual que Belgrano, sería uno de los impulsores de la causa revolucionaria. Este rotativo duraría hasta 1807.

En épocas de las invasiones inglesas apareció el periódico “La Estrella del Sur”, una publicación bilingüe, donde el estilo británico, más ágil y menos acartonado que el español, daba la nota distinta, en tiempos también distintos.

 En estos años de sucesos determinantes, aparecieron otras ediciones gráficas,  entre las que se destaca la que el propio Virrey Cisneros mandó a publicar bajo el nombre de “Gaceta del Gobierno”, donde se imprimían documentos oficiales y transcripciones de artículos publicados por periódicos españoles.

En contraposición a esta divulgación, en marzo de 1810, meses antes de la  “Revolución de Mayo”, Belgrano vuelve a organizar una tribuna de opinión llamada “Correo de Comercio”, que circulará hasta 1811.

Luego de la caída de  Cisneros, aparece la recordada “Gazeta de Buenos Aires”, como  órgano de difusión de las acciones del nuevo gobierno, fundada por Mariano Moreno. Muchos han interpretado que esta fue la primera publicación en estas tierras, pero en el intenso ritmo de la vida rioplatense de esa década, se advierte que no fue así. Sin embargo 120 años después, se decidiría que el día que salió editada la Gazeta de Moreno,  iba a ser tomado como el “Día del Periodista”.

Aún con gobierno patrio, las diferencias se mantuvieron al orden del día y fue así que después de fallecido Moreno, la Gazeta pasó por varios redactores, hasta que en épocas del Triunvirato se decidió que fuera editada por dos dirigentes políticos: Bernardo de Monteagudo y Vicente Pazos Kanki. Estos se enfrentaron entre sí y se decidió que el periódico tenga dos días semanales de edición:  los martes y los viernes. Cada uno se encargaba de un día y castigaba al otro.  Por esta polémica se decidió apartar a ambos, y Monteagudo atacó al gobierno desde las páginas de “Libre  Mártir”, mientras que opositores a las ideas del tucumano, crearon un nuevo diario llamado “El Censor”. Hacia fines de 1812, tratando de apartarse de las peleas políticas apareció “El Grito del Sud”, que duró unos cuantos meses.

Si a la historia del periodismo la remontamos a nuestra provincia, veremos que fue también Manuel Belgrano, quien trajo la primera imprenta y permitió así las primeras ediciones que se conocieron con posterioridad.

Con el "Diario Militar del Ejército Auxiliar del Perú", durante dos años, publicó material relativo al ejército que comandaba. Esta publicación duró hasta 1819, cuando Belgrano partió a Buenos Aires bastante enfermo.

Esta imprenta fue tomada por el gobierno tucumano, por lo cual las únicas publicaciones que se realizaron en la provincia pasaron por el filtro oficial. “El Tucumano Imparcial” en 1820 y “El Restaurador Tucumano” en 1822, son algunas de las publicaciones que se realizaron a principios de la tercera década del S. XIX.

No fue hasta la caída de Juan Manuel de Rosas, en que el periodismo modificó su esquema conservador. Fue allí más libre en ejercer el pensamiento crítico y publicarlo, aún a costa de oponerse a las formas de gobierno del momento.

En 1854, el Gobierno compró una imprenta nueva, y en 1859, "El Eco del Norte", fundado por el joven Nicolás Avellaneda, adquirió sus prensas propias. Fue la primera imprenta particular, a la que seguirían paulatinamente otras, de diversa importancia.

Con estos aires, el periodismo fue variando y permitiendo además que publicaciones culturales se multiplicaran hasta final del siglo.

En Tucumán hubo varios ejemplos de periodismo militante y uno de ellos para destacar, fue “La Razón"  fundada por dos políticos, Lídoro Quinteros y Pedro Alurralde. Contemporáneos a ellos, don Emilio Carmona, fundador de la Sociedad Sarmiento, alquilaba una imprenta para editar un periódico combativo, lo que le costó un juicio con el dueño de la matriz, cuando esta fue inutilizada por sus rivales políticos. “El Orden” y otros diarios más, marcaron en Tucumán una época de pensamientos ideológicos, volcados  en ríos de tinta.

Mucho se puede escribir sobre periodismo y militancia. Si nos damos una vuelta por los diarios centenarios, el más antiguo en el país es “La Nación”, nacido de la mano de Bartolomé Mitre, en su condición de ex presidente, mientras que en Tucumán, si tomamos el ejemplo de “La Gaceta”, su fundador, Alberto García Hamilton, fue un activo participante del partido radical al momento de su fundación.

Si seguimos enumerando casos,  en todos encontraremos  que el punto de vista partió  de un interés concreto, transformar las ideas a partir de hechos relevantes.

Fue pasada la mitad del S. XX cuando Rodolfo Walsh le vino a dar frescura al periodismo, entendiéndolo como un resorte social, en el que necesariamente había que inmiscuirse para poder contar desde el llano, lo que el pobre vivía. Esa convicción de meterse, mezclarse con la vida de los humildes que sufren,  de investigar cada detalle, lo llevó a entender fundamentalmente la dinámica del poder y a comenzar a transitar sus propias contradicciones de escritor “burgués”, como él mismo comenzó a pensarse. “Sus mejores cualidades literarias fueron alma y humanidad”, sentencia Osvaldo Bayer.

Operación Masacre, su obra cumbre,  quebró en dos la visión del periodismo que Walsh tenía, la que creía que tenían sus propios colegas y la de los mecanismos de los aparatos de prensa de los medios de comunicación.

Rodolfo Walsh militaba en Montoneros y trabajaba en pos de la transformación social. Su enemigo era el poder dominante, a quien denunció con sus investigaciones, y un sistema desigual que sólo otorgaba justicia a sus dueños.

Gabriel García Márquez, el gran maestro de la crónica, también tenía una militancia socialista que marcaba su impronta y lo llevaba a poder estampar sus letras en un realismo único e impensado, convirtiendo al periodismo en una literatura exquisita.

Los ejemplos sobran. Más allá de cualquier definición, el periodismo ha sido militante. De un lado y de otro, ha contado la verdad desde un lugar determinado, desde un espacio único creado por el escriba, ante la realidad descripta.

Lo que se ha despotricado tanto, lo que se ha embarrado, la palabra que muchos han estigmatizado “periodismo militante”, nació desde los primeros escritos y sigue presente hasta nuestros días.
La fórmula "periodismo militante", que se utilizó hasta el hartazgo, era no sólo incorrecta, sino injusta. El periodismo militante, de larga tradición, es el que cultivan todos aquellos que, corriendo riesgos económicos y, muchas veces, políticos, fundan un órgano de prensa para defender una idea, una concepción del mundo. La cultura política occidental debe muchísimo a ese periodismo que enriquece el debate ofreciendo una visión de la realidad desde un punto de vista explícito.

Sería engañoso y, sobre todo, mezquino para esa noble tradición, extender la calificación "militante" a diarios, radios, páginas de Internet o canales de TV que sólo se proponen como órganos de propaganda del Gobierno.  Denominamos "periodismo oficial" a la red de empresas periodísticas que dependen para subsistir de la pauta publicitaria del Estado. A diferencia del “periodismo militante”,  el “periodismo oficial” se alimenta del dinero de los contribuyentes y, en vez de elaborar una imagen propia de la vida pública, reproduce la que le indican desde las oficinas de la burocracia, divulgando los slogans del poder.

Si nos remitimos a la experiencia argentina de los últimos cincuenta años aparecerán en escena las dos caras visibles del periodismo contemporáneo.

Por un lado, ese periodismo mercantilista, complaciente con el poder político de turno, ajeno e insensible a los intereses populares. Periodismo servil y obediente, funcional a la estrategia de la distracción, como dice Noam Chomsky.

Por otro lado, el periodismo independiente, crítico y combativo. El de la libertad. El que en los años de la dictadura pagó el alto precio de decenas y decenas de vidas mientras las estrellas del periodismo de los grandes medios ocultaban esos crímenes y otras atrocidades no menores.
Nunca como entonces el periodismo argentino pudo mostrar a sus héroes y a sus villanos. Las dos caras a las que aludimos antes.

Una, los símbolos de la ética y la dignidad representados, entre tantos, por Rodolfo Walsh, Paco Urondo y Haroldo Conti.

La otra, la de la degradación, la entrega y la complicidad simbolizada por los Grondona, los Neustadt, los Gelblung y ahora por los de la nueva generación de mercenarios como Luis Majul, una de las estrellas de ese periodismo mediocre carente de ética y de principios que ha ganado importantes espacios en los grandes medios de comunicación.

Hay que admitir que hemos perdido mucho, pero no todo está perdido.

No hay novedad en el fenómeno. Muchos gobiernos cayeron en su obstinación por combatir una visión independiente de la realidad, perdiendo de vista que la esencia del oficio periodístico es la credibilidad, y que esa credibilidad sólo se construye en el ejercicio honesto y sistemático de la crítica. Esta es la barrera que ningún proceso autoritario ha podido derribar.

Chomsky admite que para los periodistas la objetividad debe ser una aspiración que, si bien por definición no es alcanzable, al menos debería ser el objetivo al que se debe apuntar.
La subjetividad del escritor está presente en su discurso. Eso es innato a la condición de cada ser humano. Su preferencia, su punto de vista y hasta su buena intención parten de su cosmovisión del mundo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario